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ENTREVISTA EXCLUSIVA CON EL DR. FLUVIO CÉSAR RUÍZ ALARCÓN

Dr. Fluvio César Ruú Alarcón

FALSO PLANTEAR LA INVIABILIDAD FINANCIERA DE PEMEX

Por Roberto Martínez Hernández

FOX: OTROS SEIS AÑOS PERDIDOS EN MATERIA ENERGÉTICA. PEMEX: SEGUNDA EMPRESA PETROLERA DEL MUNDO EN UTILIDADES ANTES DE IMPUESTOS, SÓLO SUPERADA POR EXXON. LA PARAESTATAL TIENE UN COSTO DE OPERACIÓN DE UNOS 100, 000 MILLONES DE PESOS Y RECIBE INGRESOS POR CASI UN BILLÓN DE PESOS. URGENTE UTILIZAR LOS EXCEDENTES DEL PERIODO DE PRECIOS ALTOS PARA REPONER RESERVAS Y MODERNIZAR INFRAESTRUCTURA. ABSURDO CONGELAR FONDOS POSIBLES DE SER UTILIZADOS POR PEMEX Y CFE A TRAVÉS DEL MECANISMO DE SUPERÁVIT PRIMARIO. A CAMBIO El GOBIERNO COMPROMETE 250, 000 BARRILES DE CRUDO PESADO DENTRO DE UN PROYECTO DE REFINERÍA PARA CENTROAMÉRICA A FAVOR DE CAPITALES PRIVADOS. FALSO DILEMA PLANTEAR QUE NO HAYA VIABILIDAD FINANCIERA PARA PETROLEOS MEXICANOS. UN CONTRASENTIDO QUERER CONVERTIR A PEMEX EN UNA SIMPLE ADMINISTRADORA DE CONTRATOS. IMPRESCINDIBLE DEVOLVERLE AL ORGANISMO SU VOCACIÓN INDUSTRIAL. TECNOLOGÍA E INVERSIÓN SON DOS DE LOS ARGUMENTOS LIGADOS MÁS UTILIZADOS PARA SEGUIR ANCLANDO A PEMEX SÓLO COMO PRODUCTORA DE PETRÓLEO CRUDO. NO DEBEMOS OLVIDAR LA MÁXIMA DE QUE “EL PETRÓLEO NO NECESARIAMENTE GENERA RIQUEZA EN DONDE SE PRODUCE, SINO EN DONDE SE CONSUME”. INAPLAZABLE OBTENER LA AUTOSUFICIENCIA EN LA PRODUCCIÓN DE GASOLINAS. A CUENTAGOTAS EL APOYO A LA INVESTIGACIÓN EN EL SECTOR. MENOSPRECIO POR EL POTENCIAL TRANSFORMADOR DE CIENTÍFICOS, INGENIEROS Y TÉCNICOS MEXICANOS. PRETENDER UNA APERTURA AÚN MÁS SALVAJE DEL SECTOR LLEVARÍA EL DEBATE EN EL CONGRESO A UNA CONFRONTACIÓN MUY SERIA. LEJOS DE ESCENARIOS EXTREMOS, TODOS LOS ACTORES INVOLUCRADOS PODRÍAN ALCANZAR PUNTOS INTERMEDIOS PARA UNA REFORMA RESPONSABLE YA INAPLAZABLE. CUESTIÓN MEDULAR: REFORMULAR LA ARQUITECTURA INSTITUCIONAL DEL SECTOR Y SU RELACIÓN CON TODOS LOS DEMÁS. LA REUNIFICACIÓN DE PEMEX: UNA IDEA QUE SE ABRE PASO. NECESARIO CREAR UN ORGANISMO INTERMEDIO QUE FIJE LA POLÍTICA PETROLERA Y LA VISIÓN ESTRATÉGICA DEL SECTOR. DIFÍCILMENTE EL PRI VA A DARLE AL PAN LOS VOTOS QUE NECESITA PARA UNA REFORMA ENERGÉTICA CON VISOS PRIVATIZADORES. HELADIO RAMÍREZ AL INTERIOR DEL PRI EN EL SENADO SE ESTÁ CONVIRTIENDO EN EL PIVOTE DE LA RESISTENCIA. IRRACIONAL ENTREGA DEL SECTOR ELÉCTRICO A LOS GENERADORES PRIVADOS, POR LO QUE MÉXICO TIENE AHORA 40% DE MARGEN DE RESERVA, CUANDO LO RECOMENDABLE ES UN 22%. LOS PIDIREGAS Y LOS CONTRATOS DE SERVICIOS MÚLTIPLES FORMAS ILEGALES DE ENCAMINAR UNA PRIVATIZACIÓN ENCUBIERTA DEL SECTOR. FALTA HACER MAYORES REFORMAS EN TEMAS COMO TRANSPARENCIA Y RENDICIÓN DE CUENTAS PARA DISPONER DE INFORMACIÓN MÁS PRECISA SOBRE EL SECTOR.

Véase también: www.macroeconomia.com.mx

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La polarización política pone en grave riesgo la paz social en México

San Lázaro

La conformación del Frente Amplio de Izquierda por los partidos de la Revolución Democrática (PRD), del Trabajo (PT) y Convergencia, junto con el resolutivo de la Convención Nacional Democrática (CND), de reconocer a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), como presidente legítimo, a contracorriente del fallo unánime del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), que ratificó como presidente electo a Felipe Calderón Hinojosa, después de que dicho órgano consideró  que las impugnaciones e inconformidades presentadas por la coalición Por el Bien de Todos no constituyeron pruebas suficientes para revertir el resultado de la elección del 2 de julio, lleva a su máxima polarización el conflicto poselectoral en México.

Así, habrá prácticamente dos presidentes: uno, legal pero con una legitimidad bajo sospecha y con estrechos márgenes de gobernabilidad; y otro, legítimo a los ojos de una gran mayoría ciudadana que es la gran minoría excluida de una lógica económica feroz que hoy, subordina y finiquita los activos y principios que dieron fundamento al Estado mexicano, al fin este amplio movimiento es una expresión de las serias contradicciones y asimetrías que asoman entre los ideales democráticos y las realidades de los poderes económicos; AMLO, pues, será un presidente en rebeldía como la patente expresión de una sociedad que no termina, desde el siglo XIX, de cuajar y organizarse políticamente alrededor de un proyecto de nación común e incluyente.

La debilidad política de Felipe Calderón Hinojosa y el abanico de compromisos a que deberá responder comenzarán a marcar pronto el sentido de su proyecto que incluso aún hoy no se define de manera abierta en sus objetivos. Para el presidente entrante no será fácil tampoco retomar en su agenda algunas de las preocupaciones de la oposición, en especial en temas sensibles como el empleo y la seguridad social, conforme vaya empujando en las Cámaras asuntos como la reforma energética, fiscal, laboral, todo ello dentro de los escenarios inestables que el gobierno saliente del presidente Fox no resolvió y que le heredará al entrante, lo que tendrá efectos inesperados en las posibilidades del nuevo presidente de encauzar y amarrar los acuerdos necesarios dada la profunda crisis en la que ha estado envuelta la clase política nacional.

En este sentido, el Frente Amplio de Izquierda podría convertirse en un bloque de contención muy sólido ante las iniciativas de reforma que Felipe Calderón haga llegar a las Cámaras, por lo que es muy factible que incluso entremos a otra parálisis legislativa, la cual sólo podrá resolverse con el diálogo y debate para avanzar en los distintos temas pendientes. Las presiones sobre el presidente electo tendrán como centro fundamental el impulso para una privatización total o parcial de sector energético mexicano (Petróleos Mexicanos, Comisión Federal de Electricidad, Compañía de Luz y Fuerza del Centro), por parte de la cargada neoliberal que favorece la apertura del sector a los intereses corporativos transnacionales.

Tras bambalinas los operadores de esta iniciativa trabajan ya para encaminar este jugoso paquete, por lo que muy pronto estarán cabildeando un posible amarre en el que el PRI y el PAN buscarán enfrentar el dique representado por el Frente Amplio de Izquierda en lo que toca a considerar los recursos naturales como bienes públicos y soberanos del Estado Mexicano. En su carácter de presidente legítimo y líder del Frente Amplio de Izquierda, AMLO sin más aval que la vox populi hará un marcaje personal sobre cualquier propuesta y acción que se intente implementar desde el poder Ejecutivo.

La interminable discordia entre las tres principales fuerzas políticas del país y la espiral de violencia que se cierne sobre el país, en especial, en lo que toca a la inseguridad pública, el incontenible embate de los cárteles de la droga, lo mismo que la aparición cada vez más marcada de brotes de insurrección por en zonas de marginación y pobreza, confluyen como elementos de un explosivo cóctel que reclama como principios rectores el diálogo responsable y la negociación.

El nulo respeto que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), y el Instituto Federal Electoral (IFE), mostró al ejercicio del voto en las elecciones presidenciales pasadas, aumentó el descrédito y puso entredicho la confianza ciudadana en las instituciones; en este sentido, el control de daños de dichos actos y el proceso de reconciliación nacional no será cosa fácil, luego que la derecha utilizó en forma desmedida campañas publicitarias que avivaron los resentimiento y odios, e incluso en fueron claros los tintes racistas de las mismas.

Los enconos de las campañas terminaron por sembrar la incertidumbre y de poco sirvieron para activar y dar certeza al papel protagónico de la sociedad para definir el rumbo del país. Lejos de que las instituciones fortalecieran este potencial de cambio de la mano de los liderazgos ciudadanos, la polarización ha llevado a los distintos actores a los extremos de dos posiciones irreconciliables: unos los que buscan liquidar o reconvertir a las instituciones bajo el signo de la globalización versus los que demandan como principio esencial de la transición democrática la reforma del Estado y la incorporación de un nuevo proyecto incluyente de nación. 

La espiral de caos político en México puede llevar al país a un estallido social de serias consecuencias. La falta de un acuerdo nacional, ensombrece el panorama que el cambio de gobierno tiene a la vista. Los indicios de un endurecimiento de la situación actual en el país sólo confirmarían que el modelo económico actual, lejos de transformarse y paliar de algún modo las presiones externas e internas, podría pasar a una etapa de mayor recrudecimiento.

La construcción del gran muro fronterizo con los Estados Unidos será un factor más a considerar, dada las múltiples implicaciones que suscita la posibilidad de que se cierre permanentemente una válvula fundamental para mitigar las fuertes asimetrías y presiones económicas que vive el país.

La debilidad presidencial e institucional que se vive hoy el país, pone en grave riesgo la seguridad y la soberanía nacionales, por lo que se requiere de un gran acuerdo nacional que pueda concretarse en una gobierno de coalición, en el que se admitan todas las voces del espectro político actual por un movimiento nacional de reconciliación y de emergencia, ante el inminente resquebrajamiento del pacto republicano, pues está en grave riesgo la paz y convivencia social en México. 

Roberto Martínez Hernández     

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Andrés Manuel López Obrador inicia la Resistencia Civil Pacífica

Zócalo 

                     Andrés Manuel López Obrador

Luego de un proceso electoral accidentado y plagado de irregularidades rumbo a la presidencia de la república, el candidato de izquierda de la coalición Por el Bien de Todos (PRD, PT, Convergencia), Andrés Manuel López Obrador inicia acciones de resistencia civil pacífica ante la cerrazón de los cauces institucionales y democráticos en México.

Roberto Martínez Hernández

La Tercera Asamblea Informativa convocada por el candidato a la Presidencia de la República de la coalición Por el Bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador, en el Zócalo de la Ciudad de México resultó ser una de las máximas expresiones contemporáneas de la movilización ciudadana por la defensa del voto.

En una llegada masiva desde distintos puntos de la ciudad capital y del país, la megamarcha del pasado domingo 30 de julio, concentró a un poco más de un millón y medio de asistentes.

Desde las primeras horas de mañana, en muchas de las esquinas y arterias que siguió el recorrido desde Reforma-Chapultepec, la avenida Juárez, la calle de Madero, a la plaza de la Constitución, al sabor de los tamales y atoles calientitos, con banderines amarillos, gorras para el sol, pequeñas sillas replegables, la gente no dejó de sumar su voz individual, a golpe de palabras, en cada cartulina daba cuenta de lo que con certeza quedará de nueva cuenta escrito en nuestra historia de agravios.

“Señor presidente Fox, esto no es democracia”. “Felipillo: no te saldrás con la tuya”. “Nos sales caro Ugalde. El IFE no te merece. ¡Renuncia!”. “Andrés Manuel no te rajes”. “Señores magistrados sean derechos con México. No al fraude electoral.” “No estás solo Manuel. Tengo 65 años. Soy jubilada, cuenta conmigo”.

Y es que desde el arranque de estas elecciones, como señaló un viejo ex ferrocarrilero que observaba el paso de los contingentes al pie de un Ángel de la Independencia cubierto y en remoción: “algo huele mal —mi amigo—, “no quieren que llegue al poder y que de una buena vez nos haga justicia”.

La jornada transcurre, con paso animado una ola amarilla se abre paso entre estampidas de ruidos extraviados en altavoces y los gritos agudos de un locutor improvisado que al viento espeta: ¡Andrés Manuel López Obrador es el Presidente de México! ¡Y no lo quieren reconocer¡ ¡Solución o Revolución!

Paseo de la Reforma es un interminable listón humano, entretejido por miles de brazos que forman las vallas por las que el Peje avanza. De sonrisa suave, AMLO asiste con calidez a quienes buscan su mirada. Levanta el brazo, saluda y no termina. Por momentos, las muestras de apoyo son tales que su gesto se conmueve y se hace serio, adusto.

Y no es para menos. A las calles ha salido de nueva cuenta la cara de un México que está al margen de un desarrollo económico que aunque para ciertos sectores sociales y económicos es pujante y prometedor, para la gran mayoría, sin embargo, es desigual y excluyente. El espectro social que ha asistido a las asambleas informativas convocadas por AMLO si bien tiene como centro aglutinador a las organizaciones de fuerte raigambre popular del Partido de la Revolución Democrática, comienza a incluir una base social más amplia y diversa. Es significativa en este sentido la participación de las mujeres, personas de la tercera edad, jóvenes, profesionistas, obreros, artistas, intelectuales, discapacitados, comerciantes, empresarios.

Frente al Hemiciclo a Juárez el gentío es ya un gigantesco remolino. El paso de los miles de asistentes parece detenerse. Pocos imaginan que con esta concentración Andrés Manuel López Obrador cerrará una etapa en el proceso de impugnación ante el posible resultado de la elección presidencial. Aquella fiesta ciudadana como constancia de una protesta civil pacífica, pocas horas después, ante un zócalo abarrotado y por la vía de una aprobación unánime, será el banderazo de salida para la instalación de un megaplantón en el corazón de la ciudad como un primer movimiento de ajedrez hacia una resistencia civil pacífica.

Ya en su discurso AMLO señaló que “vivimos momentos definitivos para México”, pues “se está jugando el destino de nuestro pueblo. No sólo está en cuestión la Presidencia de la República, sino el derecho de los ciudadanos a elegir libre y democráticamente a sus gobernantes. En estos días decidiendo si en México instauramos en definitiva una democracia verdadera o si se impone un régimen de simulación democrática, donde a final de cuentas, los privilegiados de siempre, van a seguir sobre el destino de toda la Nación”.

Ante la cerrazón de los cauces democráticos, AMLO subraya que “sólo quedan el sometimiento o la violencia. Por eso es que tenemos que defender la democracia y hacerla valer”. El reclamo ante miles de ciudadanos es la transparencia del proceso y por ello “ordenar que se cuenten los votos”.

En el filo de la navaja, Andrés Manuel López Obrador se mueve como un equilibrista que sortea el delgado cable que separa la opción de una resistencia civil pacífica o los peligros que una desobediencia civil puede desatar.

Todo indica que el mal tiempo prevalecerá, lo que significa que el país entrará de lleno a una zona de turbulencia política de largo aliento, luego del atolladero e incertidumbre que planteó el estrecho margen diferencial entre los candidatos punteros, junto con tácticas dilatorias y actos de prestidigitación en la contabilización de los votos de la elección.

Luego de una jornada ejemplar, el respeto por la voluntad ciudadana es y será valor esencial para consolidar una construcción democrática más sólida en el país, lo que deberá exigir a los distintos actores políticos involucrados entrar a un gran acuerdo nacional incluyente que garantice una transición de gobierno lo menos accidentada, ante la posibilidad de que la clase política entre en una fase de mayor encono y rivalidad ante el resultado de quien será finalmente el presidente electo de México, mucho más si alguno de los contendientes hace efectiva su inconformidad ante los resultados en la máxima instancia judicial electoral.

El dilema para México es claro, convertirse ya en un país de instituciones que garanticen la funcionalidad, el orden, y la justicia en todos los órdenes, o enfrascarnos en una disputa interminable, en el que las instituciones no terminan de cumplir a cabalidad con el mandato constitucional para el cual fueron creadas.

El quiebre de la legitimidad institucional del Instituto Federal Electoral en su papel de garante de dar curso a elecciones confiables, y por el otro, dar paso a la alternancia política y transparencia dentro de canales institucionales y democráticos apropiados, que si bien no han sido del todo equitativos, habían alcanzado cierto grado de certidumbre y perfeccionamiento, con lo que la gobernabilidad se veía fortalecida al permitir un mayor rango en la consolidación de acuerdos así como en la aplicación confiable de la legalidad en caso de conflicto. Hoy dicha institucionalidad construida está bajo sospecha y ha puesto el proceso democrático en vilo.

La elección de 2006 no sólo reconfigura y renueva buena parte del espectro político del país, pues además en ella se ratificará o redefinirá el rumbo económico del país. Al fin, el cambio, o no, de la política económica constituye el centro de la discusión entre dos concepciones que son antagónicas. Por un lado, Felipe Calderón pretende continuar la misma línea que desde hace 25 años se marca como estrategia de gobierno, y que tiene su centro en la idea de que un Estado mínimo, más eficiente y eficaz responde mejor a las nuevas dinámicas de la economía mundial y de la apertura comercial en las que el país está inserto, así como un fuerte control de los indicadores de la llamada macroeconomía.

Para el otro modelo, el Estado mexicano en su origen tiene como función ser un factor de equilibrio entre el capital y el trabajo, es decir, el Estado se construyó bajo la perspectiva de que más allá de la lucha por el poder, la acción de gobernar no puede estar desvinculada de ciertas responsabilidades que afectan directamente la acción comunitaria y el usufructo y la distribución de la energía social productiva.

Es decir, ambos modelos son visiones encontradas de las maneras en que se debe encaminar el papel del Estado y la acción comunitaria que resulta de la definición de políticas públicas.

¿Es posible establecer un punto medio entre ambos posicionamientos? Sin duda que ésta será la pregunta de fondo ante la imposibilidad de contar para el futuro presidente con una mayoría a modo, de ahí que indistintamente, tanto para Felipe Calderón como para Andrés Manuel López Obrador, tendrán un alto grado de dificultad integrar un gobierno de coalición.

Este será el verdadero dilema para México, respeto irrestricto a la voluntad ciudadana y sus instituciones y la integración de un gobierno que logre sumar voluntades más que dividir más a México. Por el momento, AMLO vive en la calle a un costado de Palacio nacional en espera del fallo del Tribunal Federal Electoral. Cierto, la ciudad está paralizada, pero las instituciones también.

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